¿Les ha sucedido? En ocasiones de primera vista algo les da tanto miedo que termina por dar curiosidad y comienzas a indagar más en el tema.
Justo así han dado inicio las más recientes y excitantes experiencias en nuestra vida.
A todos nos gusta la inocencia de un beso enamorado, pero ¿Cuántas veces la pasión y la lujuría lo transforma en una mordida salvaje? Vaya quizás exagero, pero una mordida es un acto que no importando el grado al final produce dolor.
Si analizamos un poco, hay muchas cosas que producen un dolor "rico" y en esa medida, a todos nos gusta el dolor en muy diferentes maneras. Sin embargo, hablar y aceptar abiertamente del dolor no es bien visto por todos, peor aún al ver o escuchar las palabras BDSM a más de uno asusta.
Comencemos por ahí, BDSM son las siglas de Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión y Masoquismo que en un acto de diferenciarse de otras prácticas sexuales existe quien dice que alrededor de 1969 se adopta este término y algunas otras fuentes en 1991, poco importa ahora el año, enfoquemos en analizar los conceptos.
BDSM es un caleidoscopio de términos, por sorprendente que parezca son inicialmente opuestos, aunque en la práctica han aprendido a convivir y complementarse.
Cada que vemos una máscara, vinil, piel, estoperoles, cadenas y ciertos elementos de tortura, nos sorprendemos y relacionamos inmediatamente con el BDSM, adicional lo asociamos con amarres, golpes, nalgadas, látigos, filos, puntas, inmovilizaciones, en fin en todo aquello que nuestra retorcida mente recuerda pero en un lugar muy recóndito.
Dejaremos la explicación detallada de cada uno de esos conceptos a los expertos, sin embargo algo que es una tendencia y está tomando fuerta en el ámbito swinger es el Shibari, seguro lo conoces pero no sabias como se llamaba, es más quizás hasta lo has practicado.
Shibari se traduce en "atadura", es por tanto la versión japonesa del bondage. Claro está que si te gustaba hacer nudos marineros o cuando eras parte de los scouts aquí puedes encontrar una alternativa.
Se requiere de un Dominant@ y un Sumis@ en combinación del conocimiento del Shibari para lograr el éxito de la práctica, en este punto medular es donde nosotros encontramos un gusto para hacer travesuras.
Mucho se habla que en el BDSM quién practica o gusta de tener el rol de sumiso@ es dominante en la vida común y viceversa. Nada más que cierto y comprobado, Sam quién es dominante en nuestra relación, gusta de sentirse sumisa, dominada a través del Shibari y con un complemento adicional que es el spanky, obviamente hay materia de donde practicarlo ¿No lo crees?.
Seguro han leído mucho de estos momentos donde el/la sumis@ disfruta mientras el/la dominante somete, pero ¿Qué sucede cuando combinamos con una pareja que lleva un estilo de vida swinger?
Obviamente, habrá muchos escenarios, sin embargo cuando un elemento de la pareja no conoce o domina la práctica le toca el papel de espectador !Claro¡ hay que dejar ese tema a los expertos y buscar el momento adecuado para participar.
Sí justo ahí, en la penumbra de una habitación con destellos de luz roja, los reflejos del brillo de metales, la adrenalina en el ambiente, un ligero olor a sexo que va cubriendo la habitación, mientras el retumbar del sonido del choque de cuero con la piel, sorprenden las miradas y enervan los sentidos.Ver a tu pareja cual inocente y virginal doncella estremecerse entre las cuerdas sometida e inmovilizada, cada herramienta provocando un placer que se escurre en la entrepierna, capturando escenas en la mente y buscando un resquicio para participar. Es un placer distinto, ver a ese hermoso ser disfrutar de lo que acontece, sentir esa impotencia ante el placer de tu pareja provocando un dolor "rico" o destellos de calor, quizás por los ligeros y sutiles pinchazos de una rueda que delinea cada curva ni hablar del inmovilizador que separa geométricamente las piernas dejando su sexo a disposición.
Acechar a la presa que está colgando, sin capacidad de defenderse, sin poder ver lo cual provoca que el resto de los sentidos se agudicen, sentir su piel ardiendo tanto por los hilos de cera fundida o por la espuma recién evaporada, pero mucho más por la excitación que transpira y se confirma con cada gemido, morder el cuello, sentir sus nalgas rojas ardiendo deslizar el tacto recorriendo sin límite cada parte de su cuerpo hasta sentir su sexo inundado y pulsante tan delicado como un pétalo ante los efectos de una espina.
En fin, recordé un episodio de nuestras travesuras y olvidé lo que iba a contarles, ciertamente por difícil que parezca es normal en mí.
Agradecemos la aportación al enigmático #SamBelieversFans por los diversos collages que han hecho y nos encantan, así como a todos ustedes que nos leen y comparten sus comentarios.










